Mia Hansen-Løve, invitada en ECIB para un encuentro con estudiantes de cine
La cineasta francesa Mia Hansen-Løve nos visitó el pasado 20 de marzo para compartir y celebrar, en compañía de Jaume Claret Muxart (director de la aclamada ‘Extrany riu’) y del alumnado de ECIB, su amor por el oficio de hacer cine. Claret, ferviente seguidor de su obra, condujo la conversación de forma distendida a través de una selección de fragmentos de la filmografía de Hansen-Løve. De estas piezas concretas y breves se fue destilando, poco a poco, la particular filosofía cinematográfica de una de las autoras más relevantes del panorama actual.
El diálogo comenzó con la confesión de Hansen-Løve sobre cómo la práctica del cine no solo le ha permitido mantenerse “arraigada” a la realidad, sino que, además, la considera un aprendizaje más amplio de cómo vivir la vida. Por esta razón, defendió, es incapaz de sentir rechazo por ninguno de sus filmes, a los que imagina casi como “hijos” a los que concibió con mucho cariño. “Sencillamente, son testimonios del paso del tiempo”, comentaba al reencontrarse con una escena de ‘Un amour de jeunesse’ quince años después de su estreno.

Al tratar el tema del casting de Lola Créton, la directora recalcó que la sencillez y la intuición de una fuerte interioridad son las cualidades principales que valora en un actor. Además, la elección de una actriz adolescente (que tenía la misma edad que el personaje al comenzar la película) le confirió a la interpretación de Créton una autenticidad imposible de falsear: “los niños y los adolescentes aún conservan esa ingenuidad”. El trabajo con intérpretes jóvenes parece resultarle uno de los placeres más gratos: con niños, porque es “una delicia” que “inventen los diálogos de tu película”; con adolescentes, porque “sienten una extrañeza hacia su propio cuerpo muy honesta”.
“Al ver los selftapes de los actores, encuentro que el 99% de ellos están sobreactuados, que pronuncian cada línea de diálogo con un cierto artificio”, argumentó, “lo difícil es encontrar a alguien que no actúe”. Al ser interrogada por su colaboración con grandes estrellas como Isabelle Huppert, Hansen-Løve explicó que en su caso “pedirle que no hiciera prácticamente nada” era más que suficiente. Más adelante en la charla volvió a hacerse patente la sensibilidad de la cineasta hacia las sensaciones que le transmiten las personas y la memoria emocional que éstas despiertan en ella. “Inmortalizar estampas, como la de mi abuela en su cocina poco antes de fallecer, es un buen ejemplo de lo que es el cine para mí”.
Cuando Claret le preguntó por su relación con el destino, su interlocutora respondió que todas sus películas eran variaciones precisamente sobre el dilema entre creer en él o en la libertad, a priori incompatibles. Otra de sus obsesiones es la localización donde rueda, pues tiende a filmar en sitios con los que tiene una conexión íntima y personal, que conoce bien y sobre los que tiene una idea preconcebida. En cuanto a la cantidad de tomas para cada plano, sin embargo, Hansen-Løve no se declara dogmática: “Puedo hacer tanto dos tomas como veinte sin ninguna pereza, si la escena las necesita”.
La realizadora subrayó la importancia de la determinación a la hora de sacar adelante los proyectos propios. En el caso de “Eden”, por ejemplo, uno de los títulos más difíciles de financiar de toda su carrera, llegó a cambiar de productores hasta tres veces con tal de poder seguir defendiendo sus decisiones estéticas y narrativas. La más importante e irreverente, homenajear a la música electrónica utilizando siempre sonido diegético y canciones preexistentes que suenan en las discotecas que ella quería retratar. Hansen-Løve afirmó agradecerse a sí misma su tenacidad en la búsqueda de la verdad, incluso en la selección de figurantes (personas que, en la vida real, acostumbraban a ir a ese tipo de clubes nocturnos).
Por lo que respecta a pequeños arrepentimientos, echando la vista atrás, Hansen-Løve reconoce haberse sentido una impostora, sobre todo al inicio, por no venir de estudios cinematográficos. No obstante, el desconocimiento de la faceta más técnica del cine la impulsó, en sus palabras, a “encontrar su propia gramática”, ya que nadie le había inculcado previamente una manera de hacer. Como broche de oro a la conversación, la cineasta aconsejó a lxs estudiantes no limitar su creatividad a la espera de obtener financiación para sus películas: “todos deberíamos ser capaces de coger una cámara y filmar cuando sintamos el impulso”.