ECIB acoge el encuentro entre los premiados guionistas Eduard Sola y Eva Libertad
Los ganadores al Premio Gaudí a Mejor Guion Original y Mejor Guion Adaptado, Eduard Sola y Eva Libertad, respectivamente, visitaron la Escuela el pasado 20 de marzo para conversar sobre el trabajo de creación de sus dos películas, Mi amiga Eva y Sorda. La cita formaba parte de la ya tradicional charla con guionistas premiados que, tras la temporada de galas, organiza la Academia del Cine Catalán junto a Guionistas Asociados de Cataluña (GAC). La guionista Carmen Fernández fue la encargada de moderar la conversación, explorando similitudes y contrastes entre ambos títulos.
Libertad no tardó en reconocer su admiración por el trabajo de Sola, a quien incluyó en los créditos de Sorda por su acompañamiento a la escritura en una fase muy avanzada. Recordó con cariño la primera reunión entre ambos, en la que él disipó las dudas de Eva sobre su guion y le hizo ver que ahí ya había una película.
La directora murciana había oído hablar “maravillas” de Sola tanto en lo profesional como en lo personal, algo que para ella es primordial en cualquier colaboración. Ese primer encuentro le confirmó lo que le habían contado. “Tienes una masculinidad muy bonita. Héctor [el coprotagonista de Sorda, interpretado por Álvaro Cervantes] tiene también parte de ti”, le agradeció Libertad.
Con la mención de Héctor, emergió en la conversación el fértil territorio de la construcción de personajes. Libertad dijo sentirse particularmente atraída por los personajes femeninos ambivalentes, cuya presencia en la ficción es, lamentó, todavía muy limitada. El conflicto de su protagonista, Ángela (interpretada por Miriam Garlo), orbitaba en torno al deseo como madre sorda de que su hijo en camino también lo fuera.

Sola, por su parte, comentó entre risas que se había aficionado a hacer mentir a sus personajes. En el caso de Eva, la protagonista de su película coescrita con Cesc Gay e interpretada por Nora Navas, se trata de una mujer que reúne el valor suficiente para rebelarse “contra ella misma y contra el mundo”. Un gesto osado que rompe el “contrato matrimonial” más convencional, cuya regla más básica es que uno no se puede enamorar de una tercera persona, y que le cuesta a Eva la mirada censora de su entorno más cercano.
Otra de las cuestiones ineludibles del encuentro fue la disyuntiva entre escribir en soledad o en compañía. Eva Libertad aludía, risueña, a una cita del libro El lápiz y la cámara de Jaime Rosales: “Cuando me escucho solo a mí misma, escucho maravillas”. No en un sentido arrogante ni mucho menos, se apresuró a aclarar, sino más bien en el de encontrar un espacio alejado del ruido externo en el que poder conectar con “aquello que me convoca, me inquieta o me mueve”.

Eduard Sola explicó, por su parte, en qué consistía el método de trabajo de su admirado Cesc Gay: “Hablar mucho, durante mucho rato, y mucho tiempo después todo eso se cristaliza en un guion”. Todo un año de conversaciones en las que no solo se debatían propuestas para la trama, sino que también se charlaba sobre la vida misma. Sola admitió haberse exasperado por momentos al ver cómo lo avanzado durante una semana entera podía desaparecer en un abrir y cerrar de ojos. “Pero cuando por fin se compromete con su película, ese compromiso es férreo”, concedió.
El guionista catalán dedicó unas divertidas palabras a los directores de cine, esos “locos” a los que, según él mismo, le pagan por acompañar para resolver sus bloqueos. Para contar su relación con ellos, recurrió a una analogía con El Quijote: “Muchas veces piensan que han encontrado un gigante, y tu trabajo como guionista es hacerles entrar en razón y recordarles que, en realidad, frente a ellos solo hay un molino”. “Son pobre gente, gente muy insegura”, apostilló entre risas. Más adelante, señaló con el mismo sentido del humor cómo la industria cinematográfica “está llena de wannabes, cineastas súper personificados”, en los que recae toda la fama y el reconocimiento. No obstante, en sus palabras, “la marca Pedro Almodóvar no es solo él: son sus colaboradores”.

Por último, Eva Libertad abordó la problemática de la legitimidad a la hora de contar una historia como Sorda. “A mí me gustaría ver una película íntegramente sorda, pero esa la debe hacer una persona sorda”. Sin embargo, la parte de su película en la que el dispositivo entra de lleno en la perspectiva de Ángela se introdujo con el objetivo de poner al público, al menos durante un tiempo, en ese lugar de incomodidad y, consecuentemente, de empatía. Para Libertad, la curiosidad debe necesariamente ir siempre de la mano del respeto.